Micaela, simplemente mi maestra de la vida.
Mi alegría.
Me ilumina con sus ojos negros, llenos de vida, plenos, brillantes, limpios.
Cuanto creciste hija! Qué rápido!
Siempre recuerdo a otros hablando de sus hijos, pero nadie pudo decirme que el corazón te crece de golpe, que te late más, que ser padre te hace fuerte y vulnerable a la vez.
Nada se compara, nada es igual, ni siquiera parecido.
Ser padre te gradúa en muy poco tiempo, te hace "multiprofesional", te convierte en ídolo, villano, maestro, enfermero, cocinero, psicólogo, payaso; te regresa a la niñez y te hace más adulto.
Ningún comentario puede abarcar la inmensidad del milagro.
Gracias hija por la vida, por estar acá y ser vos. Por enseñarme la simpleza de las cosas, por mostrarme la verdad desnuda, por la claridad de pensamiento, por la inteligencia emocional, por la alegría.
Quisiera decirte que mi mayor deseo es tu plenitud, tu felicidad.
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