martes, 1 de diciembre de 2009
SoniDos
Existen sonidos, algunos invaden el espacio logrando atormentarnos sin piedad, otros, sin embargo, resultan un deleite, un regresar a la profundidad del estado inicial de felicidad.
En mi caso, sucede algo extra: cada sonido esta asociado indefectiblemente a una imagen, una cara, un momento.
Esta cuestión me enfrenta muchas veces a un gran conflicto: no puedo disfrutar de lo que entra por mis oídos si esto no trae consigo una imagen feliz a mi cabeza. Ya se trate de música bellísima o sonidos que para otros oídos serian un bálsamo, a mi me provocan los sentimientos mas contradictorios.
Algunas canciones, por ejemplo, simplemente de entristecen de una forma tan grosera ... sin escalas me transportan a un abismo del que tardo muchas veces en salir. Es algo que hasta puedo sentir en el cuerpo, como si mi pecho fuera oprimido con una mano gigante que busca quitarme la respiración.
Por otra parte, otras me regocijan y acarician con tanta ternura que no puedo evitar sonreír cómplice conmigo misma ...
Lo mismo me pasa con los sonidos sueltos que aparecen por mi vida ... el mar me hace feliz, el viento me asusta, la heladera me hace sentir en casa, los pájaros me llenan de colores, los autos me ponen de mal humor, la cafetera me hace sentir calorcito en el pecho, el agua de la ducha me alegra, el respirar de mi hija me hace feliz, la risa de mi viejo me alivia ...
Lo que no puedo sacarme es el zumbido eterno de la lejanía ......
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