jueves, 14 de agosto de 2008

Amarillo


Si hubiera sabido que el tren de abajo se convertiría en uno de Moreno, seguro que hubiera esperado al siguiente, pero como es ya una costumbre del Sarmiento, nada se sabe hasta que ya es demasiado tarde.
El beneficio es relativo, las sospechas son muchas, en las caras de los que regresan se puede ver es cansancio, el fastidio de una vuelta a casa tan predecible como inevitable.
En mi vida siempre hubo contradicciones que fueron signando mi camino, nada del otro mundo. Las huellas de viajar todos los benditos días de Dios de esta forma se hace presente en la ropa, la cartera (hoy devenida en mochila porque me resulta mucho más seguro). Uno de mis más grandes sueños es que algún día mi trabajo sea a 15 minutos de mi hogar....
En fin, llego a la estación de Once, un submundo de gentes varias, de colores varios, de miradas varias, de vestimentas varias, de bolsillos y vidas varias....pero en este lugar, como en el baño, somos todos iguales. Bueno casi todos. En Plaza Miserere se juntas las miserias humanas que se muestran sin piedad. Algunos pasan de lado, creo que piensan que si no miran no sucede...que equivocados están.
Un ensamble perfecto de olores humanos de toda clase, alcohol a deshora, mostaza y hollín invade mis pulmones sin pedirme permiso siquiera.
Mi hija espera en casa de una amiga, jugando, feliz, ajena a la realidad que ojalá le toque distinta. Quien sabe.....
Encuentro un asiento libre, Que SUERTE! Pienso para adentro. Y está cerca de la puerta! Doble suerte! Pienso de nuevo... descubrí que una buena forma de escaparme por una ratito del este mundo es dormir. No sé que será o si es todo lo que ya dije, pero si logro sentarme es cita segura con el sueño. Je! No sin antes agarrar mi mochila como si para quitármela hiciera falta una cirugía mayor.
Una vez en mi pequeño lugarcito, pasan solo 5 minutos y me inunda un sopor difícil de explicar..mmm...que sueñito! Un bostezo, otro más y ya está, lista para dormir (espero que nadie me escuche roncar!)
De pronto, un ruido de voces, muchas voces me saca de ese estado de limbo temporal y veo que una multitud se pelea por entrar al vagón. Es una horda de salvajes sudorosos que luchan por su espacio, como si la edad de piedra nunca se hubiera ido del todo.
Se empujan, se apretan, se tocan, los espacios personales dejan de existir tanto como algunas pertenencias. Nunca sabrás donde están las manos del vecino, sólo mirar su cara de "hoy me toca a mí" me produce asco.
Estoy a la altura de Liniers, me faltan 3 estaciones para bajar y dudo mucho si podré hacerlo.
Una chica detrás de mí se queja de la situación y una voz masculina, cínicamente le responde -"no ves boluda que no hay lugar? Si no te gusta que te toquen tomate un taxi, boluda"- Si, si habló en capicúa. Ella se queda en silencio, con la cara roja de ira, de impotencia.
Entre tanto el tren sigue su marcha. Justo antes de llegar a destino, me paro buscando un lugarcito libre entre la gente, que por supuesto, no había. Agarro fuerte la mochila contra el pecho, y pregunto en voz alta _" podré bajar"- y no sé que pasó, quizá haya sido un poco de amabilidad entre tanto instinto animal porque veo como esa misma gente comienza a abrirme espacio hasta la puerta.
Salgo del tren sin problemas, pero con una sensación de suciedad que necesita un baño urgente. En casa, dejo todo por el camino, llego al baño, me doy una ducha reparadora, tibia, una caricia entre tanto gris.
Todavía mojada, tomo la toalla y mientras me voy secando me pongo los anteojos. Noto un polvillo amarillo que se posa sobre cada superficie del cuarto, sobre la mesa, el piso, la computadora, los libros.....pero esa es otra historia.....

"nieve en Haedo....esta vez es amarilla"...

"Look at the stars, Look how they shine for you, And everything you do, Yeah they were all yellow,"

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